Madrid- Santo Domingo.

 

Viernes 29 enero -volamos Madrid- Santo Domingo.

Llegamos a las 8 tarde a Santo Domingo. Descargamos las 2 carpas y las trasladamos del aeropuerto a los almacenes de nuestro amigo Luis José Valdés, descargamos las enormes tiendas militares con ayuda de “Moncho” Gabriel de Jesus Castillo que nos ha prestado su pick-up. Las dejamos en lugar seguro.

 

Santo Domingo-Haití.

 

30 Enero, sábado.-  Alquilamos una pick-Up, hablamos con la Casa provincial Hijas de la Caridad de Santo Domingo. Nos dan carga  para llevar a las hijas de la Caridad de Cité Soleil de Puerto Príncipe.

Salimos por la mañana de Santo Domingo por carretera hacia Jimaní frontera entre Haití y Republica Dominicana, 280 kilómetros de distancia, una carretera llena de camiones y muy estrecha, son 5 horas de viaje. Santo Domingo, tomamos la carretera desde

Sto. Domingo hasta río Haina, San Cristóbal, Baní, Azua, Barahona viendo el mar Caribe  tan azul que quemaba.

 Vamos por el sur de la Rep. Dominicana dejamos atrás la zona de los viejos trenes que transportan la caña hasta los ingenios azucareros.

Vicente Noble, Tamayo, Neiba, Duvergé, lago Enriquillo y Jimámí. Me acuerdo de la expedición que hicimos en 1995, la Ultima Canoa, recorrimos 700 millas desde Jamaica a Republica Dominicana en una canoa, junto con los indios Yekuona  de las selvas del Orinoco, llegamos a Pedernales y navegamos por toda la costa sur de Haití, desde Cabo Tiburón hasta Rep.Dominicana. Cruzando la sierra de Barahuco hasta  el Lago Enriquillo, tal como hizo Diego Méndez de Zamora en 1503 para salvar a Colón del Olvido. Por estas tierras los primeros descubridores españoles guerreaban con los caciques Anacahona y Enriquillo…

La carretera es buena pero no paran de pasar enormes camiones con ayuda humanitaria.  No podemos contar las miles de organizaciones internacionales que están serigrafiadas en estos camiones.

Llegamos a Jimaní, la frontera, nos dicen que en Jimaní se sintió muy fuerte el terremoto pero ninguna casa se derrumbó, a solo 12 kilómetros en la parte haitiana en Ford Parisien se cayeron todos los edificios.

En la Frontera la policía y ejercito Dominicano, no pone ningún impedimento para cruzar a Haití si vas con ayuda humanitaria, ni siquiera sellan el pasaporte cuando entras en Haití.

Puerto Príncipe esta a 56 kilómetros de distancia de Jimaní, es una carretera infernal, estrechísima, que a veces es camino de tierra por que el asfalto ha desaparecido, nos cuesta más de una hora y media de tiempo en recorrer 56 kilómetros.

 

Primer pueblo del lado Haitiano, Malpasse, a las orillas del lago, un lago precioso, azul no parece un lago, parece el mar pero rodeado por montañas.

La carretera está pegada al lago, no hay casi árboles, los haitianos al no tener recursos para comprar gas, cortan  los árboles, luego hacen carbón vegetal para cocinar cada día, han dejado casi deforestado Haití, solo queda 2% de bosque en Haití.

Al principio del camino no se aprecia el desastre. Vida normal, pero poco a poco se empiezan a ver más casas totalmente destruidas al borde de la carretera. Pasamos por Ford Parisien empezamos a ver casas y edificios derruidos por el terremoto, sigue la estrecha carretera llena de camiones dominicanos que llevan ayuda a Puerto Príncipe, pasamos por Ganthier, también está destrozado, toda la gente bajo lonas azules o todo tipo de toldos en la calle, nadie quiere entrar en las casas semi-derruidas por miedo a las réplicas. Hace muchísimo calor, ese calor húmedo del trópico, más de 36 grados.

Cada kilómetro que avanzamos se te encoje el corazón, Croix des bouquets es el ultimo pueblo antes de llegar a Puerto Príncipe, igual que los otros la gente en la calle en improvisados campamentos. Hay autobuses haitianos típicos, toda la chapa pintada con muchísimos colores, con frases en creolé pintadas en los cristales

Mon Dieu, toi est notre espérance…”

Tiene que ser verdad por que este país está devastado, solo les queda la esperanza. Los autobuses y camiones  sacan  a las  gentes de Puerto Príncipe para llevarlos al campo, menos afectado por el terremoto, se dirigen hacia el norte de la isla, a cabo haitiano, a Hinche, a donde puedan ir, antes que quedarse en una ciudad devastada en un infierno como Puerto Príncipe.

 

El paisaje de Puerto Príncipe es desolador, es como si una bomba atómica hubiese caído en el mismo centro de la ciudad, es mucho más bestia que cualquier otra cosa que haya visto jamás. Los aviones americanos Galaxi  aterrizan y despegan tapando el sol del atardecer. Los enormes hangares de la ONU  flanquean toda la zona, rodeada de   alambradas soldados camiones y coches de combate, al fondo la bahía y el puerto y los barcos fondeados descargando en enormes barcazas, contenedores con ayuda,  que contrastan con los barcos de vela latina que traen el carbón vegetal desde Cabo Tiburón, últimos cargueros a vela del mundo.

Antes que anochezca, un chico al que preguntamos por las Misioneras Hijas de  la Caridad en Cité Soléil, se sube en la paila del Pick-Up para indicarnos el camino. Llegamos al dispensario médico de Magdalena.

Sor Pilar , sor Natalia y sor Teresa nos reciben en este destruido dispensario médico que da cobertura a toda esta  zona.

Están muy contentas por nuestra visita, Sor Pilar nos dice “Que bien, saber que España y Navarra no han olvidado a Haití”

Sor Pilar, una valiente Navarra de Falces lleva 33 años en Haití, nos enseña como ha quedado todo; destruido más del 85% ….

Trabajan en unas condiciones bajo mínimos. Sin luz, sin agua corriente, atendiendo a los enfermos bajo unos plásticos en el exterior, por miedo a que se les caiga lo que queda del edificio. Nos dicen que lo más urgente que necesitan  ahora, son lonas o toldos de plástico, para que la gente se pueda refugiar de las lluvias y del sol abrasador.

 Sillas de ruedas y muletas son muy necesarias, los mutilados se cuentan a miles. Solo tienen una silla de ruedas en el dispensario para cientos de enfermos mutilados.

Cité Soléil era y es el suburbio mas grande de todo el continente americano, un barrio peligrosísimo, el sitio más olvidado de Puerto Príncipe, donde no entraba la policía, aquí trabajaban y trabajan las monjas Hijas de la Caridad.

Nos dan un plato de arroz con tomate buenísimo cocinado por Sor Pilar. Cae la noche en cuanto se mete el Sol, nos dicen que no es conveniente salir de noche, puede haber asaltos. La gente va con velas por las calles de los alrededores.

 Estamos agotados y nos ponemos a dormir en unas tablas de madera que nos dejan las monjas, con los enfermos , nuestro techo las estrellas del trópico. Entre tanta desolación se respira alegría y paz que irradian estas  monjas  y la sonrisa triste y esperanzada de  accidentados dando gracias a Dios que han salvado la vida y son cuidados con tanto cariño .

El martes próximo transportaremos  y montaremos las carpas del Ejército para habilitar mas espacio en el dispensario médico.

De madrugada nos dirigimos a visitar la Misión de los Padres Redentoristas en el barrio de Carrefour donde tenían la escuela de San Gerard.

Los Cascos Azules de la ONU reparten comida desde este punto. Nos dejan pasar hacia el barrio de Carrefour, atravesamos  la cola de cientos de mujeres niños ancianos y hombres que se agolpan ordenada y tranquilamente para recibir algo de comida.

 Los padres Redentoristas están destrozados. Mas de 300 niños aplastados bajo los escombros. Toda la escuela, la Capilla, las habitaciones. Todo ha sido destruido por el terremoto. Todo arrasado.

Un joven seminarista, Pierre nos cuenta el desastre. Mientras JL.Cuesta se mete entre las ruinas, el fuerte olor a podrido nos hace retroceder.

Todavía quedan 100 niños que fueron sepultados bajo los escombros.

Nos dirigimos a la ciudad de Leogane, al oeste de Puerto Príncipe, a 30 kilómetros de la capital. Aquí fue el epicentro del terremoto. La zona  más sacudida por el terremoto.

Un 90% de Leogane está destruida. Nos dicen que 1 de cada 5 habitantes ha muerto en el seísmo.

 La carretera está cortada literalmente por enormes grietas que nos hacen avanzar lentamente. Llegamos a un centro para niños huérfanos que tienen estos mismos Padres Redentoristas, 50 niños que se apiñan bajo plásticos improvisados.

La idea del Padre J. Miguel de Haro es establecer un Campamento provisional para estos niños y para los que quedan huérfanos de la escuela.

Aquí montaremos el campamento para la Ong Acoger y Compartir.

El Padre Pierre nos cuenta durante el camino de vuelta, como ha perdido a su hermano gemelo. Estaba asistiendo a una conferencia en la universidad y todo se derrumbó.

Es increíble como el Pueblo Haitiano se resigna y no pierde el ánimo ni las ganas de seguir viviendo.

Mientras arden los restos de los muertos, todo el mundo trabaja como guiados por una inercia que les permite no caer en la desesperación.

Es impresionante como rezan en las calles y como poco a poco  intentan recuperar una normalidad que tardara años en llegar.

Después de pasar por toda la desaparecida zona histórica llegamos al Hospital Pediátrico San Pierre Damien. Los Padres Pasionistas llevan este hospital.

Conocemos a Magda, una médico de la Rioja que estuvo 18 años en Haiti y no pudo ver el sufrimiento desde Logroño  hizo  la maleta  y se vino a esta masacrada tierra , para echar una mano a este pueblo que tanto ama…. “He vivido mucho en esta tierra y no puedo abandonarla ahora”  Nos dice.

 

 Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo.