Vamos hacia la frontera,
volvemos a Santo Domingo para recoger al padre José Miguel de Haro que viene en
un vuelo de Air Europa al aeropuerto de las Américas. Al salir de Puerto
Príncipe nos paramos a preguntar en una interminable cola, para que era. Nos cuentan
que han perdido toda su documentación; Pasaportes, tarjeta de identificación,
títulos académicos, toda constancia escrita de su identidad, no tienen papeles que demuestren quienes son,
ni cual es su formación. En Haití, de repente una parte de la vida se ha
borrado, no existe…
Cruzamos la frontera de Malpasse a Jimaní, tras 5 horas
hasta Santo Domingo, llegamos al aeropuerto de las Américas.
Llevamos al Padre J. Miguel en
la avenida 30 de Marzo, sede de los Misioneros Salesianos para pasar la noche, le reciben como un hermano más.
Los misioneros Salesianos nos cuentan
como han perdido a 500 alumnos y profesores muertos bajo los escombros de sus
centros de formación de la capital Haitiana... Todos los días envían desde Santo
Domingo ayuda en camiones a los diferentes campamentos de Puerto Príncipe.
Franklin Ortega prepara con el
Padre de Haro la forma de trasladar los contenedores que han enviado por barco desde
España con ayuda que ha recogido la Ong Acoger y
Compartir para Haití.
Los tres Salesianos mayores
recuerdan al Padre Vicente Rubio, Dominico español y uno de los mejores
historiadores expertos en la época Colombina.
Al Padre Rubio lo conocí en
Santo Domingo, cuando hablabas con él, parecía que conociera a los
descubridores españoles en persona, conocía todo del descubrimiento de America
de una manera que parecía que él mismo había sido tripulante de las carabelas
de Colón, de la Canoa de Diego Méndez, Cronista de Ojeda, Narváez, de Soto…
Salimos a las 3 de la mañana de
Santo Domingo.
No hay nadie por las calles de a
capital a estas horas.
Paramos en Azua a tomar un café
en un colmadito, en Azua estuvo de escribano Hernán Cortes antes de pasar a
El Padre nada mas pasar la
frontera y comenzar a ver el dantesco paisaje de edificios en ruinas envueltos
en hierros y polvo, ya no habla, impresionado se le ve rezar entre dientes.
Suena en la radio del coche una canción triste de Carla Bruni mientras los
helicópteros chinook americanos pasan en vuelo rasante sin parar. Entramos en
Puerto Príncipe.
El Padre de Haro baja del coche entre miles de gentes
que se afanan ya en picar los escombros de los edificios. Comienza la reconstrucción.
Las maquinas, dejan solares vacíos donde antes había casas y edificios.
En la casa de los Redentoristas
reciben con lágrimas a José Miguel de Haro, se abrazan. Le enseñan lo que queda
de la residencia, su cuarto que ha sido sepultado por toneladas de cemento le
recuerda al 12 de diciembre en la inauguración del centro recién construido.
Todo eran sonrisas de niños y mayores. Un mes más tarde, en 5 minutos, todo
esto se rompe. Los sueños la esperanza de un futuro mejor.
Pero el pueblo haitiano es un
pueblo esforzado y saca fuerzas de flaqueza para empezar de nuevo.
Descargamos las tiendas donadas
por l ejército de tierra español y las
tiendas donadas por MRS. Una de estas tiendas modulares la instalaremos mañana
en la misión de las Hijas de
Camino de este centro de Maria
Magdalena nos sigue el corresponsal de
Después del monumento del Mundo
y las manos, al lado de la base norte americana del aeropuerto. Una fila de más
de 1000 mujeres, se amontona para coger
turno en el reparto de comida. Son todas de Cite Soleil el barrio más
conflictivo y pobre de la historia de Haití. Reparten comida solo a las mujeres, deben ir
acompañadas de un hombre para que les lleve la caja con lo asignado para cada familia.
La situación se pone bastante tensa, comienzan los empujones peleas y carreras
los soldados se repliegan, Cuesta es
invitado por los marines a ponerse en su lado.
Cierran las puertas Félix Flores
vuelve resoplando y la cola se dispersa como por arte de magia. Dos jóvenes e
Cite soleil me cuentan lo que casi todos repiten; No hay trabajo no hay comida,
no hay nada y lo poco que queda se lo llevo el terremoto.
Llegamos a la misión de
Las Hermanas se levantan
temprano; 4:30 h de la mañana para comenzar a preparar el material medico para las consultas y la comida.
Todavía con noche cerrada,
cuatro hombres mayores y muchos jóvenes nos ayudan a montar la tienda que
servirá de consulta. En unas horas ya esta montada. Vemos como, a pesar de ser solo una tienda, la gente se
anima, trabaja, se siente útil, ve como su trabajo sirve para algo, sirve para
salir adelante con la ayuda de los demás pero con su esfuerzo. Las Hermanas
Hijas de
Hoy se reúnen en el colego de
San Gerardo todas las familias de las victimas
del derrumbe y los que se pudieron salvar. Familias enteras se sientan
alrededor del padre Redentorista.
La vista sobre la bahía de la capital te hace olvidar la desgracia.
La luz se parece a la de África.
La pena de oír las historias de todas las familias que una a una le cuentan al
padre la pérdida de alguno de sus hijos, nietos, sobrinos, te encoje el alma. José Miguel trata de
infundir fuerzas y esperanza. Cuenta como toda España se ha volcado con Haití.
Como desde instituciones, gobiernos, ayuntamientos particulares, familias,
niños, han puesto su esfuerzo en ayudar a este país. Cuenta como el Real Madrid
se ha comprometido a reconstruir la escuela entera de San Gerard. Que el
Ejercito de España se ha interesado por
el orfanato de Leogan y que esta
aportando carpas para este fin, como el Canal Voluntarios de Canal de Isabel II
de Madrid y la misma Comunidad de Madrid se ha brindado para la ayuda de
emergencia y da las gracias a todos ellos- No se olvida de los cientos de familias
de Boadilla y alrededores que no han
parado de trabajar por esta causa. También a la
de los jóvenes de MRS por su iniciativa. El Padre Haro nos dice “Se han
quedado en mi corazón los ojos de tantas madres hablándome de sus hijos
muertos. Una verdadera tormenta de dolor…”
Muy temprano, el Padre celebra
una misa con unas cuantas personas del barrio... José Miguel reflexiona y dice
“De ahí viene una fuerza que me sorprende por momentos. Ante el Cristo caído y
fragmentado de la iglesia San Gerardo, que sigue entre una de las vigas y los
escombros... solo he podido guardar silencio y dejar que las lágrimas trajeran
paz y fuerza.”
Todos rezan en una imagen única
de emoción, tristeza y esperanza.
Telmo Aldaz
de la Quadra-Salcedo.
Haití. 4 febrero 2010