Crónica 31 de Agosto:

 

El pan con mantequilla rozó sus labios, de un bocado se deshizo en su boca y pasó por el esófago. Le pareció absurdo lo mucho que había disfrutado con el sabor de la mantequilla, había tantas cosas absurdas que echaba de menos…

“¡Hoy va a ser un gran día!”, le dije a mi compañera. Y no estaba nada equivocada. El gran desayuno y la visita a la Kashba Tamnougalt ha sido un buen comienzo. El extenso palmeral que se veía sobre la elevada terraza de la construcción, fabricada únicamente por barro, paja y madera me pareció esperanzadora. Aprendí que de un sitio donde parece que no se puede lograr nada aparecen cosas interesantes.

Sin duda, lo mejor del día estaba por llegar. El cálido aire, semejante al de un secador, enredaba mis cabellos polvorientos. El Sahara se extendía ante mis ojos. Todos eufóricos en los 4 X 4 asomábamos los rostros pese que al instante se volvían grisáceos. La extensión del desierto se impregnaba en nuestra piel. Perdíamos la percepción de nuestros límites.

Para finalizar las estrellas brillaban intensas en el cielo, muchas, incontables. Bajo mi cuerpo, infinitos granos de cálida arena fina. Sobre mi cuerpo, infinitas y lejanas estrellas.

El sabor de la mantequilla volvía a hacerse perceptible en su boca. Un sabor suave e infinito. Menudas cosas más absurdas echaba de menos.

 

María Maldonado Martín

Expedicionaria MRS 2010