MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.

 

30 AGOSTO. DIA 14: El viaje paralelo

 

Ya van tres expedicionarios que piden una crónica de “el viaje paralelo”: ese que se supone van a realizar cada mañana pero que casi siempre acaba siendo otro al que habían imaginado. Todos los días, la agenda exacta de la jornada se mantiene en el misterio pero por el campamento corren rumores. “Creo que hoy habrá caminata”, “me han contado que son cinco horas de autobús”, “¿comeremos bocadillo?”, “¿habrá o no película?” y el eterno “¿cuánto falta para llegar?”.

Hoy el plan era hacer talleres de música y cooperación, pero al final hubo marcha. Desperezados tras un baño en el Lago Isli, los expedicionarios se volvieron a llenar de polvo con una caminata hasta la aldea de Akanuan. Unas pocas casas sin electricidad en las que viven bereberes seminómadas. Un lugar olvidado y escondido entre montañas al que se accede por una pista que a veces las lluvias se llevan por delante.   

            Un hombre con una lesión en una mano explica que su suegra está muy enferma, y aunque parece que va a llover y el plan es regresar al campamento y seguir ruta, Telmo Aldaz da la Quadra-Salcedo, director de la expedición, decide que el equipo médico de Madrid Rumbo al Sur examine la gravedad del asunto. El asunto es un tumor muy feo en la pierna de una anciana que, a través del guía intérprete de bereber/español, dice tener 100 años y sufrir desde hace dos dolor y supuraciones continuas. Mientras la chavalería vuelve al campamento para recoger mochilas ante de que la lluvia las empape, el equipo médico diagnostica y decide operar. Dicho y hecho, sobre unas mantas, en el rellano de una casa de adobe en medio del Atlás montan “lo más parecido a un quirófano”. Concha Gómez- Vilanova, médico del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (SUMMA 112) decide que la luz y la higiene son mejores fuera de la humilde casa. También le quita importancia: “Es una pequeña intervención, nada serio”, dice. Le asisten Álvaro Arnaiz, cirujano oral y Mamen Renedo, enfermera del SUMMA. “Esto no ha sido una novedad, estamos acostumbrados a trabajar en la vía publica, en la calle, en un campo, en un coche, donde sea…”, dice Mamen. Cuando salen los guantes, las gasas y el bisturí, empieza a tronar en las cimas y Ángel Sevillano, uno de los bomberos que nos acompañan y jefe del parque de Tres Cantos improvisa un toldo con la lona plástica que le sirve de “dormitorio” durante la expedición. Después, le da tiempo de grabar la intervención con su videocámara. Bajo la lona azul y el ruido de la lluvia se extirpa y se sutura. Rabha, la paciente, permanece estoica, con la cabeza apoyada sobre el regazo de su yerno. “Guapa, guapa”, le repite Concha tranquilizadora, y el intérprete traduce, “tahla, tahla”, al bereber.

            La intervención es un éxito y los médicos dejan gasas, yodo y antibióticos para que la familia lleve el seguimiento de la cicatriz en este lugar donde no llega la sanidad pública. Rabha, pañuelos superpuestos en la cabeza y barbilla tatuada, agradece repitiendo “saha, saha”: “Que Dios os acompañe, ¡qué suerte haberos encontrado!”. Quiere invitar a los médicos a comer cordero, pero la expedición debe seguir rumbo al sur. El convoy sigue su camino cruzando la garganta del Todra y deja tras de sí a una centenaria que a partir de ahora vivirá un poco mejor. Por cosas así merece la pena cambiar de planes.

 

Patricia Reyes

Cronista Oficial MRS 2010