Crónica 30 de Agosto:
Ha merecido la pena pasar una noche tan gélida para después amanecer en el lago Isli. Después de la rutina habitual, hemos andado hasta un pueblo aislado en las montañas debido a las riadas. Según llegábamos la gente del pueblo salía a recibirnos y algún que otro niño acercaba la mano con la esperanza de conseguir algo nuestro. Sin embargo, otras mujeres nos pedían hacerles fotos. Acoplándonos como pudimos en distintos vehículos llegamos de nuevo al campamento, donde nos esperaban las curiosas furgonetas de la noche anterior.
Antes de montarme en la furgoneta he sentido una doble alegría al saber con retraso que el Atleti había ganado, me ha hecho pensar en muchas personas y en momentos buenos.
Finalmente, comienza un largo viaje en una de las furgonetas a la cuales se les rompían los respaldos a cachos. Hasta llegar a un bonito lugar con un patio donde comimos una rica y variada comida. Abandonamos aquel lugar de vuelta a las furgonetas con el estómago lleno. Empezamos de nuevo el viaje con energía, imagínate, once chicos sin parar de hablar durante dos horas. Entre los botes y paradas de nuestro transporte, dedico un momento para mira lo que nos rodea. Tantos pueblos hemos pasado ya y todos parecen iguales casas de adobe que parecen deshabitadas y en la carretera, niños que te siguen corriendo y sin parar de reír. Hombres en burros que nos miran como si nunca hubieran visto nada igual.
Observo, pero mi mente se va hacia a ti por miles de años más. El polvo de la carretera entra en mis pulmones alejándome de mis sueños. Después de horas cantando las mismas canciones a todo volumen, nos bajamos del coche y lo primero que escucho es “Mira hacia arriba…”. El cielo ya no estaba, solo piedra cubría nuestras cabezas haciéndonos sentir pequeños. Los autobuses esperan, el viaje nunca para.
La noche continua con una sorpresa, ¡estamos en el paraíso! Buenos, más o menos, esta noche dormimos en el parking de un hotel genial. Ahora, al lado de la piscina, con el billar de fondo y un refresco en la mano, el shock viene hacia nosotros: lujo y miseria, niños descalzos y piscina de lujo… Desde luego te hace pensar. Tantas piedras pisadas, tantas sonrisas compartidas, quince días vividos y en el ecuador de esta aventura, solo pensamos en lo mucho que nos espera.
Ana Domínguez y
Fátima Deus
Expedicionarias MRS
2010