MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.

 

29 AGOSTO. DIA 14: Versiones

 

Es la historia de siempre, Romeo y Julieta, Gara y Jonay, Isli y Tisli. Mora ella, moro él. El asunto es que no les dejaban quererse y lloraron mucho. Tanto que sus lágrimas formaron dos lagos en medio del Alto Atlas. En Lago Isli (el de ella) acampa esta noche la expedición Rumbo al Sur. Llegar hasta aquí es como un amor imposible: largo, accidentado, hermoso y con recompensa final. En la práctica, una pista de tierra intransitable para los autobuses, por lo que los expedicionarios han recorrido los últimos 150 kilómetros a bordo de vehículos locales bautizados por ellos como “cutronetas”. Furgones de carga convertidos en taxis colectivos. Llevan luces de colores en el frente e incómodos silloncitos tapizados hace mil años. Hay ocho y una de ellas apenas puede con las cuestas. Otra tiene un pinchazo. Pero los chavales no pierden el ánimo. Tras horas de curvas y baches las chicas del grupo 5 llegan afónicas, además de medio dormidas y con el trasero planchado. Se han pasado el viaje inventando versiones de canciones con letras relacionadas con el viaje. El tema de El libro de la selva  se convierte en el exitoso La mochila: “Lleva lo más vital no más, lo que has de precisar no más/ porque la mochila te va a pesar. / Si quieres la marcha aguantar la cantimplora has de llevar y crema del 50 te echarás / Donde quiera que vayas, donde quiera que estés / El gorro dichoso te lo has de poner”. No es Shakespeare, pero entretiene.

            El día empezó mucho antes, desmontando el campamento anterior. Mientras el equipo de organización plegaba sus tiendas ultrarrápidas (de esas que se montan lanzándolas al suelo y se doblan con una imposible combinación de ochos), los bereberes que nos alojaron en sus tierras desmontaban las jaimas de lana y madera en las que durmieron los chavales. Tienen forma de dromedario gracias a un arco sobre el que se tensa la manta. Aguantan mejor una ventisca que sus versiones modernas, pero hacen falta todas las mujeres de una familia para ponerlas en pie.

            En Midelt, de camino de un campamento a otro, el grupo visitó el monasterio de Notre Dame del Atlas, donde un valenciano apellidado Navarro reza y estudia con otros tres frailes cistercienses. “Felicidades a los atléticos”, dijo a los chavales a los que llama “rumberos”, de Rumbo al Sur. La vida monacal moderna incluye Internet. La trágica historia de cómo esta comunidad llegó a Marruecos tiene una versión cinematográfica, De hombres y dioses, reciente ganadora en Cannes. Los frailes tenían su monasterio en Argelia pero lo tuvieron que abandonar tras la matanza de 1996 en la que siete religiosos fueron asesinados, el único superviviente vive en este rincón del Atlas. El director de la película vendrá a enseñársela a los frailes la semana que viene. Fray Navarro tiene curiosidad, pero explica que cuando el equipo de producción se acercó a este silencioso monasterio marroquí prefirieron no participar en el filme: “No buscamos publicidad”. Un retiro, es un retiro.

            Los cerros testigo del Atlas se suceden a los lados de la carretera hasta Imilchil, donde cada mes de septiembre se celebra un mossem, una enorme fiesta de tres días en la que los muchachos bereberes buscan pareja para casarse entre las diferentes etnias nómadas. Una versión ancestral del Meetic pero mucho más pintoresca: los nómadas llevan chilabas blancas, las nómadas joyas tradicionales y todos se alojan en jaimas. Algunas de los matrimonios saldrán bien y otoas acabarán llorando mucho, como Tisli e Isli, junto a cuyas aguas, las chicas del grupo 5, entrada la madrugada siguen cantando ajenas al mal de amores. Benditos dieciséis.

           

Patricia Reyes

Cronista Oficial MRS 2010