Crónica 29 de Agosto:
Son las seis de la mañana, la magia de Tattiouine nos despierta perezosamente iluminando nuestros ojos con un lugar encantador. Zapatillas de deporte puestas, nos disponemos a hacer el ejercicio diario que por suerte, para muchos, no incluye el correr. Tras un sabroso desayuno compuesto de leche pan y sandía, el campamento se convierte en una masa verde realizando distintas tareas.
Por segunda vez, mi grupo se dispone a rellenar la cisterna del camión de agua. En cadena, garrafa a garrafa el bidón se va llenando y por tanto, el trabajo finalizando. Entonces sucede, te replanteas el valor que tiene el agua, ¿te imaginas tener que hacerlo a menudo? Solo en estas situaciones te percatas de la importancia de este recurso, de la necesidad de tenerlo…
Comienza la marcha hacia los autobuses, poco a poco con la mochila a hombros nos alejamos de las jaimas, fijando las miradas en cada cosa, despidiéndonos de los nómadas que hemos conocido. Recuerdos florecen en nuestra mente… Ayer una mujer marroquí enferma me abrió su casa, su dulzura me envolvió en otra realidad. Mujeres sentadas en alfombras dialogaban contigo, mostraban su felicidad. Simplemente, gente sencilla, pobre en lo material, pero rica en lo fundamental…Que te da lo que tiene. “Esta es vuestra casa, bienvenidas seáis tú y tu familia siempre que queráis”, decían. Aunque la pobreza les inunda, tienen algo de lo que carecemos: una gran fortaleza, una gran unión entre ellos. Como se dice no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita.
Una gran marcha culmina en el Monasterio Notre Dâme del Atlas, el único de monjes católicos de todo Marruecos y el Magreb. Un hombrecillo nos explica la vida en el país procediendo posteriormente a la ración militar para dos. De nuevo en el autobús, aprovechamos los minutos para hablar, reír, reflexionar y soñar. Los nervios del primer día se han esfumado con el viento, se han escondido en esta realidad africana que nos toca vivir.
En un abrir y cerrar de ojos un inmenso campo presidido por un largo puente aparece en el horizonte, personas de otras culturas se lavan, reposan a ambos lados. El tiempo parece detenerse. El puente parece nunca acabar y entonces las sonrisas de los marroquíes se clavan en ti. Felicidad. Es fascinante, te preguntas cual es la base de la felicidad. No tienen nada, en cambio nosotros que somos “ricos” valoramos otros aspectos, nos basamos en el dinero. ¿Hay que tenerlo para ser feliz? No exactamente.
En seguida llegamos a una gasolinera para montarnos en las furgonetas Rumbo al lago Isli. Después de largas horas de viaje mirando por la ventanilla a niños correr hacia el coche, se divisa en la oscuridad el sitio donde pasaremos la noche. Deseando cenar, todos esperamos con frío el momento. A nuestro alrededor, la oscuridad abunda, La luna se refleja en el agua dando lugar a la noche africana. Los cantos del cura nos deleitan con armonía, es la misa voluntaria del domingo. Todo parece tranquilo. Te mueves con cautela en un lugar extraño, desconocido. Los primeros rayos del sol descubrirán “lo invisible” hasta ahora. ¿Cómo será? ¿Qué nos deparará mañana?
Carmen Pino Naranjo
Expedicionaria MRS 2010