Crónica 28 de Agosto:
Benditos tomates y pepinos, ¡por fin una cena que no sea de Ramadán! Sienta bien después del duro día de hoy. Duro pero increíble. Hemos andado todo el día subiendo, bajando, subiendo, etc. Subiendo por un suelo donde solo había piedras. Pero eso no ha sido lo peor, la falta de agua y sobre todo el sol en todo su esplendor. Merecía la pena todo esto solamente por entrar en el circo de Jafaar y pasear por el curso de un río ahora, en verano, seco. Paredes verticales llenas de cuevas, de árboles y enredaderas. Nos sentíamos pequeños, como cuando al salir de aquí y subir a lo alto de una roca pudimos contemplar todo el valle. Vimos el valle donde comimos raciones militares y donde unas mujeres bereberes recogieron la comida que nos sobraba. Consiguieron llenar una bolsa entera de comida, tendrían nuestra edad.
Pero sin duda, algo maravilloso fue la vuelta en los todoterrenos. Totalmente de noche, iluminados por miles de estrellas en el cielo. Pudimos reconocer las constelaciones que hemos aprendido en las clases de Pedro, el astrónomo. Casiopea, el cinturón de Orión, las pleyades…. Fue un momento de descanso con el aire dándonos en la cara. No puedo seguir escribiendo porque empiezan a tocar unos bereberes en el lugar donde estamos cenando y nos toca bailar para después dormir bien.
Pablo del Olmo
Expedicionario MRS
2010