Crónica 27 de Agosto:
Nada más y nada menos que a las seis y media de la mañana, he visto la cabeza de Pablo aparecer por un agujero de la tienda propia de los nómadas llamada jaima únicamente para gritar a los angelotes olorosos que somos que nos levantásemos ya a hacer deporte. La carrera de hoy ha sido muy peculiar porque los sufridores de turno teníamos que ir evitando cantos rodados que variaban desde el tamaño de un melón al de una nuez.
Tras esta rutina matutina que cada día es más amena, nos hemos puesto tibios a leche, sandía, pan con aceite y tortitas de miel. Ninguno de estos alimentos sabe igual que en tu casa, porque desayunar viendo montañas inmensas y a toda prisa, cambia cualquier punto de vista. Incluso después de esto, nos hemos bañado en un río que está aquí al lado, cuyas aguas son fresquísimas. Tanto que al meter los pies, estos ardían de tal forma que algunos salían escopetados a cambiarse bajo un sol que ya comenzaba a calentar.
Después de librarnos de la roña que empieza a formarse en nuestro cuerpo, dos misioneras nos han contado su labor en este valle en el que se encuentra Tattouine, por el cual, en invierno y tras el deshielo, el agua atraviesa con fuerza mostrando la furia de la naturaleza. Luego hemos recogido basuras, cargado troncos y medido el suelo. De un pueblo así solo pueblo decir que sería increíble verlo en España. No solo por la basura que había en las calles (nos ha tocado rescatar desde chandals del Barça hasta botellas con líquidos misteriosos) sino por el aspecto que ofrecía. Las casas medio derruidas de adobe solo nos contaban que este pueblo tiene historia, pero que posiblemente no vivirá para contarla a futuras generaciones.
Al volver al campamento base, hemos vuelto a bañarnos en el río y por ello ahora mis pies se están quejando, Después de comer, los de radio hemos intentado hacer alguna crónica mientras que los demás expedicionarios hacían talleres de cooperación, arqueología e historia. Ahora, en el momento en el que escribo, empiezo a oler la ración de Ramadán que vamos a cenar: sopa con especias extrañas, pan y un bollo típico.
Posiblemente, Pedro nos de después una clase de astronomía, vale la pena escucharle, además hoy está montando el telescopio. El lucero del alba lleva ya un rato en el firmamento. Supongo que tardaremos en irnos a dormir, solo cuando ya notemos el frío es nuestro cuerpo, Pero es ahora, cuando ya se pierden las luces naturales, cuando todo el mundo se da cuenta de que esto es único y precioso, tanto esta gran familia que hemos llegado a formar entre todos los miembros del equipo como el lugar donde nos encontramos, prácticamente es el paraíso.
Solo ahora nos damos cuenta de que esto nos va a cambiar, siempre para bien, y que cada momento del viaje, permanecerá en nosotros para toda nuestra vida. Los corazones de estas personas a los que les gusta dormir poco y pasar un poco de hambre siempre tendrán algo en común.
Darío Herranz Rodrigo
Expedicionario MRS
2010