Crónica 25 de Agosto:

 

“Es la naturaleza, tampoco seáis cursis chicos”.

 

Ayer llegamos a Marrakech. Para mi fue especial. Algunos fueron a la Medina. Unos pocos nos quedamos en salas con camas, enfermos. Fue todo de golpe: diarrea, malestar…etc. Daba un  poco de miedo la sala. Un pasillo larguísimo con mini habitaciones a ambos lados.

 

La noche ha sido dura. Por la mañana, quien seguía con fiebre no ha ido a visitar Marrakech, y yo he sido uno de ellos. Así que he decidido tumbarme y descansar. He decidido pensar en cómo viviría un ciego un viaje como este. Me he relajado, he cerrado los ojos, y he comenzado a analizar mis pensamientos.

 

También así, Marrakech se ha quedado grabado de alguna forma. Lo primero que he notado ha sido el calor. Todo lo siguiente podría llevar el adjetivo “caliente”. Arena, mezclada con plantas. También podía percibir, prestando más atención, un poco de especias picantes, perfume y olor a lluvia. Al rato ha empezado a llover. La habitación, que por la noche parecía una pantalla de videojuego, se convirtió en un pulmón. En serio. Parecía un pulmón. De repente se abrían todas las ventanas y entraba un montón de aire. Al segundo se cerraban todas, se hacía el silencio y no había luz ni aire. Así unos diez minutos, cada vez más fuerte. Al final parecía el corazón de un atleta.

 

Ahora, tras 8 horas de viaje, respiramos tranquilos (yo casi recuperado), en una Kashba llamada Abridid, cerca de Ouarzazate, perdidos en la frontera de la ciudad y el desierto, en los paisajes y montañas donde fue rodada la peli de Babel. Y continuamos. 

 

Diego Garrido Sanz

Expedicionario MRS 2010