Crónica 25 de Agosto:
Algunas afortunadas personas se despertaron hoy de una manera especial: sin gritos de Pablo metiendo prisa para el deporte, sin un suelo duro bajo la espalda, ni moscas ni hormigas entre el saco; y es que, este afortunado grupo de personas habían dormido en camas de lujo, simplemente por el hecho de estar enfermos.
Parece ser que la faringitis y la diarrea nos han pillado a muchos cooperantes en estos días, y para estar sanas para el Sahara es esencial ir al médico. Así, entonces, las primeras horas de la mañana han sido testigo de dos despertares paralelos.
Los sanos corrían en series con Pablo en el patio, y los enfermos, tranquilamente, sin prisas, nos curábamos, charlábamos y aprovechamos los últimos minutos de nuestra cama con colchón.
Los deportistas recibieron un manguerazo por parte del
majísimo bombero Jorge, que sirvió para refrescar los cuerpos que se preparaban
para enfrentarse a los
Tras el desayuno, de aquellos que podían comer algo, y últimos preparativos, nos montamos en los autocares y fuimos hacia la plaza de Jemma El-Fna. En el punto de encuentro quedaríamos al cabo de dos horas tras recorrer la medina de la ciudad.
Cada grupo de personas se dirigió hacia una dirección y algunos compraron enormes pipas de agua y tambores, y otros zumos de 40 cl de naranja fresquito y recién exprimido. Un chaval se había comprado una preciosa esclava de plata que perdió a los diez minutos de enseñarla orgulloso a los demás-
El tiempo pasó rápido y tras un momento caótico peleándonos por llamar a casa a través de unos teléfonos que no funcionaban, volvimos de nuevo al internado donde habíamos dormido, y recogimos las mochilas antes de emprender en autocar el largo camino hacia el Atlas.
En el autobús todo caímos dormidos, tan sólo algún hiperactivo cantaba por el final, pero tras unos fallidos intentos de animar a los demás, se durmieron con nosotros.
A la temprana hora de las seis de la tarde, paramos en un pequeño espacio de la carretera para comer (aquellos que su estado sano lo permitía). Tras la comida, por fin, después de tres horas más de viaje, atravesamos las imponentes puertas de un castillo, donde dormiremos esta noche.
Celia Vela
Expedicionaria MRS
2010