Crónica 25 de Agosto:
La cooperación para el desarrollo ha de ser entendida como un proyecto global para empezar a actuar en el ámbito local. Este es el consejo que Carlos, uno de los monitores, nos ha dado esta noche.
Estoy aprendiendo a escuchar a la gente que me rodea: a mis 99 hermanos y hermanas, a los simpáticos conductores del autobús, a los profesores… Y es que debemos aprender a escuchar a las personas.
¿Y cómo voy a poder interactuar con Marruecos, si no siento Marruecos? Nosotros hemos escuchado la llamada y ahora resuenan en mí ecos de esperanza.
Estamos en Marrakech. En una de las ciudades más “chic” que hasta ahora conozco del país. Percibo aromas diferentes que han transformado la noche en la mañana. Mango, Zara, McDonald’s y conocidas firmas me hacen pensar que podríamos estar hablando de cualquier otro lugar.
Pero las apariencias engañan. Detrás de un velo iluminado de luces y color, encontramos una oscura realidad. Vendedores ambulantes atraídos por un grupo de cien chavales uniformados aprovechan la ocasión para hacer el “agosto”. Niños rogándome para comprar paquetes de clínex y agradecidos por recibir desde dos céntimos de dirham hasta un pedazo de pan. Exóticos comercios, danzas y músicas, matanza de pollos in-situ y nosotros en medio de tal bullicio, alucinando con la rica comida que disfrutamos por tan sólo unos minutos de regateo.
Pudimos conocer las calles principales de la ciudad desde una calesa: intensas emociones que se han fundido a las seis de la mañana con un “¡hora de despertar! ¡Arriba chavales!”. “¡Uff!”
Esto es lo que seguramente íbamos pensando todos al saber que hoy no correríamos tanto como los días anteriores. Estiramientos, flexiones, series en carrera… ¡Todo sea por volver en forma y, sobre todo, por recibir el manguerazo de los bomberos! ¡Qué refrescante baño! Y es que se mastica la felicidad con unas cuantas gotas de agua y un buen desayuno con colacao incluido.
Hemos bailado al son de conocidas canciones que han traído los bomberos. ¡Qué haríamos sin estos bomberos que tan bien nos cuidan! Nos cocinan, nos dan masajes en caso de contracción muscular, nos preparan el camión con el agua lista para beber…
Hay quien dice que la única manera de hacer historia es conociendo la historia. Antes de patear la plaza de Marrakech a pleno sol, con 45 º, hemos escuchado la historia del lugar y lo importante que es el arte del regateo. Pues, en efecto, este nació en África.
Me han puesto una cobra alrededor del cuello. “¡Qué original bufanda de verano!”, me ha dicho mi amiga Juana. Un zumo de naranjas bien fresquito después de aprender una danza típica, nos ha ayudado a tener fuerzas para regatear en condiciones. Aunque siempre te quedas con la sensación de que tu has sido el timado. ¡Son unos profesionales! Algunos compañeros no han tenido la oportunidad de conocer Marrakech por estar enfermos. Aprovechamos las horas de bus para contarles esta experiencia, con pelos y señales.
Elena Hernández
Martínez
Expedicionaria MRS
2010