MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.

 

22 AGOSTO. DIA 7: Retrato de mujer en Fez

 

El pañuelo de Nadia Otmani no da a basto. Lo usa para secarse el sudor y las lágrimas. Porque hoy en Fez hace 44 grados y porque hace 12 años, en otoño, en el pueblo de Barajas, Nadia se interpuso entre su hermana Rashida y un hombre que la quería matar. Su marido.

 Proteger a su hermana de los disparos de su maltratador le costó una lesión medular que la tiene en una silla de ruedas. Pero eso no la ha detenido. “En cuanto abrí los ojos en el hospital supe que Dios me había querido ver así y borré la palabra depresión de mi diccionario”, explica entre lágrimas.

Nadia vive en Madrid y es una inmigrante atípica, universitaria y separada desde 1987. Antes de que su cuñado le atravesara la espalda, tenía una compañía de exportación de moda. Desde entonces dedica su tiempo a luchar contra la violencia de género. Su máxima: “Cuando una mujer necesita ayuda, no es mañana ni pasado, hay que dársela ya, ¡ahora!”. En Torrejón de Ardoz Nadia trabaja con otras mujeres inmigrantes; en Fez, donde la asociación Alamal, esperanza, acaba de abrir sucursal intenta “proporcionar a las mujeres un punto de encuentro y escucharlas, porque eso es a veces lo que más necesitan”.

 El local sin terminar de la asociación está en un barrio marginal que gira entorno a una vieja cantera llena de basura. Allí se exponen los kaftanes que hacen las asociadas: “Sin una cooperativa que las proteja, estas mujeres pueden recibir tan sólo unos 50 euros por bordar un vestido que se vende por  5.000”, explica Nadia a quien se le vuelven a saltar las lágrimas de indignación. “El maltrato llega a todas las clases sociales, pero la discriminación de la mujer es una cuestión más económica que cultural”, explica quien siempre disfrutó de una vida holgada ya que su padre era miembro de la guardia personal del rey.

“Los problemas que las mujeres tienen en Marruecos se van con ellas cuando marchan a España”, dice Nadia “así que hay que empezar a solucionarlos aquí”. “Nosotros intentamos explicarles que es lo mismo ganar 200 o 300 euros en Marruecos que 1.000 en España, y si se quedan disfrutarán de sus hijos y su cultura”. Fuera de la asociación, lo niños de vacaciones, ayudan en el mercado. “No hay derecho”, dice Nadia con indudable carisma, “en barrios como éste los más pequeños tienen que trabajar para pagarse los libros y los lápices”. Y otra vez le vuelve a brotar el llanto.

 

           

Patricia Reyes

Cronista Oficial MRS 2010