Crónica 22 Agosto:

 

Ya estamos en los últimos compases de un día tan o más interesante que los anteriores y, pese al cansancio acumulado durante este largo día, aguanto los ojos bien abiertos en este autobús escribiendo con mucho entusiasmo la crónica de un día que está a punto de finalizar.

Los djembés suenan. Te despiertas. Pregunto la hora. “¡Las 6 de la mañana!”. Pablo espera impaciente a que el último expedicionario se coloque para comentar la gimnasia diaria.

 

En Fez: una sociedad acelerada, un olor inquietante, humildad, un proyecto contra la violencia de género, fruta en abundancia, ropa barata, cuero, elegantes pashminas.

 

Dejando estas características de la ciudad de Fez, debo mencionar aparte las cubas de Fez donde se abatanaba y se teñía el cuero. Se dice que la gente que comienza un trabajo en estos lugares no viven más de tres años desde el comienzo de dicha labor, pues el grado de intoxicación  es muy elevado.

 

Cuando el hambre comenzaba a hacer mella, cogimos el autobús en dirección a las ruinas romanas de Volúbilis. Allí comimos y visitamos los asentamientos romanos, prueba de la importancia del imperio romano-marroquí. En el contexto situacional de las ruinas por la noche se celebró la misa de los domingos.

 

Tras estos acontecimientos, cogimos un autobús que nos ha llevado a Rabat, capital de Marruecos, donde aún sin dormirme me encuentro en el patio principal de un patio principal de un bonito edificio árabe escribiendo esta crónica.

 

 

Alejandro Lapuerta

Expedicionario MRS 2010