Crónica 19 Agosto 2010
Las agujas del reloj marcan las seis de la mañana. El sol no hace mucho que ha comenzado su ascenso y aquí en Tetuán ya se empiezan a escuchar las primeras voces de los monitores para despertarnos. En diez minutos todos listos para el desayuno. Por lo menos hoy no hay gimnasia, pienso intentando consolarme por mi falta de sueño e higiene. Tras el necesario desayuno y con la fortuna de haber sido seleccionado para limpiar los regalitos que una incursión canina nos había depositado amablemente en el suelo del centro, ponemos rumbo al primero y último proyecto que visitaremos a lo largo del día. A priori el proyecto no parece tan diferente a los vistos anteriormente pero conforme avanzamos en la mañana, nos percatamos de ciertas peculiaridades en él. El primero y más obvio, la charla era en francés a la que acudieron de traductores intérpretes improvisados algunos expedicionarios. El proyecto está destinado principalmente a mujeres de la zona y basado en el cultivo de plantas aromáticas y la consiguiente venta a mercados locales con el objetivo de que estas personas puedan ganarse la vida de forma digna. Como si esto por si sólo no fuera suficiente, el proyecto también tenía como meta una enseñanza básica a mujeres jóvenes e incluso a los maridos de éstas.
Después de la visita el calor ya iba dejando su huella en nuestras resplandecientes camisetas. Nos dirigíamos ahora a Chaouen. Una hora después ya estábamos preparados para la primera marcha de la expedición. Primera marcha de la expedición. Con la mochila a la espalda, el gorro aventurero y estilosas gafas de sol iniciaba con paso firme el paseo. Poco a poco nos adentrábamos en las entrañas del pueblo. Las calles, su gente, las paredes color cielo, cada detalle tenía su gente. Entre fotos y conversaciones agradables, llega la parada para satisfacer los estómagos. Tercera ración militar del viaje. He de reconocer que poco a poco se le va cogiendo el gusto. Nos vamos adaptando. Tras saciar el hambre, retomamos la caminata de vuelta a los autobuses. Esta vez el sol imponía su enorme poder y la deshidratación se iba haciendo hueco. Pero bueno, nada que no pueda solucionar una buena compañía y sentido del humor. De repente, tras 4 horas de bus por una carretera con miles de curvas endiabladas, llegamos al Parque Natural de Alhucemas, en Cala Iris, la alegría era evidente. Hay conferencia de astronomía, el cielo es impresionante. Hasta ahora que nos encontramos en trayecto al siguiente destino y yo estoy escribiendo esto. Nada más por ahora. Un saludo.
Nacho Aranguren
Expedicionario MRS
2010