Crónica 19 Agosto 2010
Al abrir los ojos y ver otros ojos que ya se habían desperezado a mi alrededor salté de mi saco intentado evitar poder acabar la última, lo que, como Pablo bien nos ha explicado, es sinónimo de una entrada gratis para limpiar lo que todos hemos ensuciado.
Con esta actitud todos habíamos empezado a recoger, ya mentalizados de que nos tocaría sudar nada más levantarnos. Pero, paradójicamente, esta vez no hubo sesión matinal de deporte. De hecho, en realidad podíamos habernos levantado más tarde, en vez de estar en pie incluso antes que el grupo al que le tocaba hacer el desayuno.
Tras observar las impresionantes vistas del Atlas prácticamente desde todas las ventanas de nuestro segundo lugar de acogida, nos dirigimos al Centro de Formación Agrícola. En este tuvimos el privilegio de asistir a una charla en la que nos explicaban los objetivos del proyecto, que muy acertadamente proponía soluciones como la inserción laboral de la mujer tras su formación y el desarrollo de los recursos autóctonos como las plantas medicinales y aromáticas amenazadas por la desertificación. Se mostró cierto caos cuando la gente se entero que la charla era en francés pero gracias a Mateo y a Carmen que hicieron de traductores lo pudimos entender todos.
Por la tarde fuimos a Chaouen. Era imposible quedarse con la boca cerrada al ver esas casas todas pintadas de azul. Gracias a Abdul supimos que este color pretendía mostrar la apertura a los pueblos del Mediterráneo, manteniendo a la vez la tradición judía según la cual este color protegía del mal de ojo. En mitad de nuestra primera caminata, paramos a comer la comida del ejército. Mientras todos nos poníamos las botas con nuestros manjares el guía nos observaba sin probar un trozo ni beber un sorbo, es increíble como cumplen del Ramadán.
Al terminar, volvimos al autobús, paseando por las pequeñas calles y sus empinadas cuestas observando la felicidad de los niños y la fuerza de los que practican el Ramadán. Tras regatear con dirhams, euros e incluso dólares para comprar botellas de agua y pañuelos de papel, llegamos a los autobuses sabiendo que esta noche dormiríamos en la playa de Alhucemas, pero todavía faltaban 5 intensas horas de viaje.
Begoña Soler y Paula Sánchez de la Blanca
Expedicionarias MRS 2010