MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.

 

 

18 AGOSTO. DIA 3: Las dos caras de las cosas (y el repollo-gate)

 

Todo depende de por qué ventanilla mires. A un lado de la carreta entre Tánger y Tetuán las mujeres rifeñas venden cebollas protegiéndose del sol con tasaras, los tradicionales sombreros adornados con pompones de colores. Al otro lado del camino, modernos aerogeneradores aprovechan el viento que sopla entre los olivos y las huertas. Una carretera y dos realidades.

Tetuán, nuestro destino, también es dual: la más española de las ciudades del Rif. Fue protectorado de 1912 a 1956. Se nota, entre otras cosas, en su arquitectura, en que muchos de sus habitantes hablan castellano y en que el Atlético de Tetuán  (que llegó a primera en 1950) fue fundado por el de Atleti de Madrid y por ello su escudo es rojiblanco. Escuchamos el himno atlético en las faldas de la cordillera marroquí y sabe a casa. Lo puso el cónsul de la ciudad (es su equipo) que nos recibió en el Hospital Español, un precioso edificio de los años veinte (las monjas lo tienen como los chorros del oro) que atendió a los soldados destacados en la zona cuando en Tetuán vivían 40.000 españoles. Hoy lo hacen unos 1.500 y el Hospital es un centro de apoyo social: guardería, residencia de ancianos, comedor, escuela taller... “Aquí podemos atender necesidades básicas y ver la diferencia”, dice Sor Carmen, madre superiora de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, que cada día dan de comer a 250 niños “que de otra forma no tomarían más que té y pan”. En los jardines del Hospital (¡77 hectáreas!)  los expedicionarios comen cus-cus, pinchos morunos y chebakiya (el dulce típico de ramadán). Los estudiantes del taller de hostelería del centro atienden como profesionales a las fieras madrileñas. “Shuyashuya”, dice Sor Carmen en árabe, que se traduce por calma-calma, “aquí el tiempo es distinto”.

Una comida puede ser un deleite, pero también un derecho. Igual que un juguete, puede ser un capricho más, pero también una ilusión única. Ese es precisamente el lema de la campaña llevada a cabo por la fundación española Crecer Jugando y Radio Nacional: Un juguete, una ilusión. Este año entregarán 10.500 juguetes en Marruecos, y la expedición formó parte del proceso en plena medina de Tetuán (una joya, patrimonio de la Unesco). En el patio de la asociación Hanan los 100 estudiantes madrileños se pusieron en fila para hacer de reyes magos (en Marruecos la fiesta más parecida es el achora). Para las niñas había muñecas, para los niños camiones de colores. Todos iban vestidos de domingo y recogían su regalo con educados dos besos. Ninguno lo sacó de su envoltorio transparente antes de llegar a casa. “Muchos de estos niños no han tenido nunca un juguete nuevo”, explica Rachid Maimouni, presidente de la asociación local que los distribuye.

Atardece en las montañas y el convoy llega al campamento. Hoy es el centro de formación profesional del barrio de Taboula. Fuera, los chicos de la zona, que no están vestidos de domingo, se arremolinan curiosos junto a los 4x4. Son demasiado pequeños para hablar castellano ni acordarse del protectorado, pero saben pedir “un euro, por favor”. Dentro del centro, los chicos españoles debaten sobre microcréditos, proyectos sociales prolongados, diálogo entre culturas… (todo ello con el sol ocultándose tras los montes Gorgiz y el muhecín llamando a la oración). “¿Si alguien os diese 1.000 euros qué haríais con ellos? ¿Os parecen mucho o poco”, pregunta el cooperante de la ONG Atil/Codespa. “Para alguien como nosotros que vive en Madrid, en casa de sus padres, con todo pagado, es un montón de dinero, pero al final nos lo gastaríamos en chorradas”, contesta la expedicionaria Belén Fernández. “Sin embargo, supongo que si vives aquí, lo podrías invertir en un negocio que te cambiase la vida”. También los 1.000 euros tienen dos caras.

 

Anecdotario: Durante unos minutos tensos desaparecieron varios repollos, aderezo principal de los spaghettis de la cena. Pero al final, el repollo-gate quedó en nada. Y ya tenemos estrella musical, se llama Mateo y canta en francés.

 

Patricia Reyes

Cronista Oficial MRS