MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.
17 AGOSTO. DIA 2:
Lo larga que puede ser una jornada
Hace un día, pero 27 horas que salimos de Madrid Rumbo al Sur. Más o menos las mismas que llevamos sin dormir. Son las ocho y media de la tarde hora marroquí (dos menos que en España) y la chavalería acaba de cenar aunque en realidad ha sido un des-ayuno, el típico de ramadán: huevo duro, dátiles y sopa (harira). Como ven, ha sido un día raro.
Tras muchas horas en carretera y una en ferry arrancó con un desayuno (¿el primero de hoy? ¿el último de ayer?) en el puerto de Tanger Med. Casi casi lo estrenamos. La flamante infraestructura es la cara del nuevo Marruecos. Era enorme, blanco y algo fantasmal. Había casetas de control de pasaporte por las que nadie ha pasado nunca, impolutas cintas transportadoras y brillantes carritos de equipaje esperando su primera carga. Dio tiempo a fijarse en los detalles porque tardamos más de dos horas en cruzar la frontera. Una espera que aprovechamos para desayunar rancho militar, cedido por el Ejército. Imaginen el concepto IKEA llevado a la alimentación: una cajita como de patucos donde caben galletas, una chocolatina, mermelada, un hornillo, cerillas, pastillas potabilizadoras, cepillo de dientes, pasta, cacao, café y unas instrucciones. Todo envuelto en tonos caqui. Marcial, pero monísimo. Cuando finalmente entramos en Tánger hubo premio: la primera parada, la playa. Un jolgorio de bikinis y aguadillas que tuvo su utilidad higiénica tras tantas horas en bus.
Tras el baño, vino el baño de realidad. Esa parte de este viaje que no se mide ni en horas ni en kilómetros. Que no se cuenta contando si comimos esto o lo otro, o si hizo bueno o llovió un poco (que lo hizo). Quizás la mejor forma contar esa otra parte de la aventura es hacerlo con nombres propios como Hussein, Houda, Mohammed, Shakira…
Hussein era uno
de los mejores peluqueros de Bélgica hasta que tuvo el accidente de coche. Las impresionantes
cicatrices de su cabeza son el débil reflejo de lo que pasó por dentro. El golpe
desató brotes violentos por los cuales le recetaron la medicación que ahora provoca
la ausencia de su mirada al vacío. Su familia se vio incapaz de cuidarlo y lo
trajo de vuelta a Tánger a
Tras la visita hay un taller sobre cooperación. “¿Qué os ha parecido este proyecto?” pregunta Beatriz Tavera, la profesora. “Flipante” es la primera respuesta. Pero luego los chicos debaten sobre solidaridad, ayuda humanitaria, co-desarrollo…
Houda es muy joven (26 años) y muy valiente. Dirige la asociación 100% Mamá en el barrio popular de Bendibane, que apoya y da cobijo a madres solteras. “Son rechazadas por sus familias, excluidas por la sociedad y marginalizadas”, explica la asistente social. En estupendo español Houda explica, para sorpresa de los estudiantes madrileños, como una mujer soltera no puede registrar a su hijo con su apellido y es obligada a elegir otro de una lista. Tampoco será contratada si admite que tiene descendencia sin tener marido. En 100% Mamá, que se financia con ayuda extranjera, las jóvenes madres obtienen ayuda legal y médica y formación además de un hogar donde refugiarse hasta que encuentren casa y trabajo. Luego les proporcionan una guardería gratuita para que puedan conservar sus empleos. Los chicos (sobre todo las chicas) fríen a Houda a preguntas asombradas que al final son sólo una: ¿Cómo es posible que no se respeten los derechos de estas mujeres?
Mohammed guía a
los chavales por las lujosas salas de
Shakira suena a todo trapo por los altavoces. En el escenario improvisado una decena de alumnos del Complejo Social Assadaka baila el This is África. Es un regalo de bienvenida para la expedición Madrid Rumbo al Sur que dormirá esta noche en el patio de esta escuela residencia que se ocupa de educar a unos 1.800 niños, jóvenes y mujeres. También acoge a unos 35 menores en situación de abandono, todo gracias a los esfuerzos conjuntos de la asociación española Paideia y la administración marroquí L’Entraide Nationale.
En la pista, la colaboración entre naciones también se da. La estudiada coreografía al ritmo del himno mundialero se contagia a los estudiantes madrileños y el asunto acaba en una jarana de adolescentes pegando botes sin demasiado concierto pero con mucho entusiasmo. Los chicos madrileños se entienden con los marroquíes en una divertida mezcla de spanglish-francais, ¿pero a quién le hacen falta idiomas cuando existe el lenguaje universal del pop? ¡Waka-waka! Sí, ha sido raro y largo, pero menudo día.
Patricia Reyes
Cronista Oficial MRS