Crónica 17 de agosto

 

Cuando antes de venir al viaje leía las crónicas de las expediciones anteriores, pensaba que contar lo que aquí se vive no podría ser fácil y, sin embargo, qué fácil me va a resultar escribir esto.

 

Porque hoy, después de un extenuante viaje hemos vivido África. Las caras de los marroquíes que yo imaginé serían de desconfianza y miedo (fomentado por la falsa imagen que tenemos en Occidente), pero qué gusto cuando mirando los ojos de estas personas hemos visto aceptación, curiosidad, amistad, en definitiva hemos encontrado un pueblo que querría darse a conocer y conocernos.

 

Nuestro primer día entero aquí, en Tánger, ha coincidido con el Ramadán. La parada matutina nos ha deparado un baño en la playa para gusto de todos. Después vendría lo que nos ha conmovido a todos. Visitamos un museo que contenía los comienzos de las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos. A continuación hemos tenido una charla sobre cooperación a cargo de Bea, la monitora especializada en este tema.

 

Pero, sin duda, lo que nos ha emocionado y hecho llorar a todos ha sido la visita a la Casa de Nazaret. Fue fundada en 1969, durante la guerra de Marruecos y desde 1981 se dedica a ayudar en cuatro aspectos. Uno, se trata de ayudar a heridos y enfermos en general. También hay un programa para atender a los presos españoles, encarcelados la mayoría por el tráfico de estupefacientes. En tercer lugar, tienen un proyecto para educar a los chicos de la zona que más problemas tienen. El número de niños se verá ampliado en septiembre. Y, por último, esta asociación católica se ocupa de doce  disminuidos mentales profundos. Con ellos hemos compartido tiempo y nos han roto el corazón al verlos felices a pesar de todo.

 

Esta asociación es la prueba fehaciente de que las religiones no suponen ningún problema para los habitantes de la zona, y tampoco para los tres frailes allí destinados que se esfuerzan por hacer de Marruecos un lugar mejor.

 

Por la tarde, hemos culminado este mágico día visitando un centro en el que conviven chicos de 3 a 18 años, donde se les da de comer y se les educa. No hay palabras para definir las sonrisas, el ánimo y la vitalidad de unos chicos que podrían estar viviendo una tragedia y que, por el contrario, son felices. Buena prueba de ello es la fiesta que nos han montado: dos representaciones musicales que nos han puesto a todos en pie y nos han hecho unirnos a sus bailes y canciones. Debo decir que no nos han engañado. Este es un viaje en el que se pasa calor, un poco de hambre, en el que no te duchas tanto como en casa, en el que se duerme poco… pero merece la pena.

 

Todo el rollo que he escrito pretende expresar lo que es indefinible. En un día puedo asegurar que ha merecido la pena el esfuerzo realizado y me permito dar un consejo a todos: no os conforméis con lo que veis desde fuera, entrad en África y vividlo.

 

Nelson Montes

Expedicionario MRS 2010