JORNADA 20

 

8 SEPTIEMBRE, Centro Hogar Infantil Padre Lerchundi, Tánger.

Nikinha.

La mañana en Tánger es fresca, cae alguna gota y sopla un fuerte viento. Después de la gimnasia, aparece un balón en el patio y se improvisa un partido. Más de veinticinco chavales en el pequeño campo de cemento del patio dan para poco más que empujones y melées alrededor de la bola. Hasta que aparece Niki, una chica de tez morena y cinta en el pelo que, desde su propia área, pega el balón a su zapatilla y, enseñándolo y escondiéndolo, hipnotiza a compañeros y rivales. Entre el bosque de piernas, Niki serpentéa, entre caderas rotas de sus rivales. Niki llega al área contraria y levanta la cabeza, lista para golpear. Entonces, el único defensa que no ha tenido la sensibilidad de ser obnubilado por sus arabescos, mete el cuerpo, empuja, pone las piernas por delante y con una falta hace inútil todo lo anterior. Es el fútbol: aunque ahora todos aplauden a Niki, es el defensa el que ha ganado.

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Récord mundial de Nacho.

Nacho, el chófer, como buen capitán, se había quedado en Fez junto con su autobús estropeado. Hoy le hemos encontrado ya a los pies de su vehículo, esperándonos junto a los otros. Le hemos vitoreado y abrazado, y uno de los chicos y yo, desde dentro del bus, le hemos dicho que en el panel de la cabina se encendía una luz de avería. Antes de decirle que era broma, hemos dejado que la figura poco atlética de Nacho subiera, con cara desencajada, de un solo salto. Ha tardado una fracción de segundo.

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Sonrisas y lágrimas.

El día de hoy es intenso en visitas a proyectos en los que interviene la Comunidad de Madrid. La escuela para niños Padre Lerchundi, en cuyo patio hemos dormido, el Centro de Salud El Kharb, proyecto desarrollado por Médicos Mundi,  el centro de ocupación para niños Assadaka, que nos recibe con bailes y coreografías representadas por unas criaturas que enamoran a nuestros chavales, que acaban bailando con ellos en el escenario.

O la dura visita al centro en el que los Franciscanos de Cruz Blanca atienden a discapacitados mentales severos que son abandonados por sus familias. Sin nadie que les visite, sin más cuidados que los de los tres Padres, nuestra visita provoca a los internos un éxtasis de alegría que expresan con palmas y agudos gritos. Sus signos y exteriorización de sentimientos, difícil de interpretar según parámetros habituales, transmite sin embargo con certeza una intensa alegría ante las atenciones de los chavales. De una manera u otra, sonríen.

Algunos de nuestros chicos lloran.

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Clase no turista.

Gonzalo, el monitor, mientras esperamos marchar en los autobuses, ha sacado ya dos veces del hueco de las ruedas a un niño marroquí que le había preguntado si íbamos hacia España. Gonzalo, de material e intendencia, me dice a última hora del día que uno de los pequeños y escurridizos marroquíes se ha colado en el último traslado hasta las cercanías del puerto de Tánger, y le ha visto salir de debajo del autobús minutos después de detenernos. Ahora, hemos visto salir hasta cinco que han sondeado la capacidad del hueco del motor.

Todos buscan billete de segunda para un destino de primera.

Sin posibilidad de reclamación.

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Zocos móviles.

Las callejas que ascienden desde el puerto de Tánger hacia el interior de la ciudad ofrecen variedad de cafeterías, restaurantes y puestos de alimentación. No son muchos los comercios, pero es que aquí el comercio es ambulante. En cuanto paramos en una terraza, salen de la nada decenas de vendedores ambulantes con baratijas, Rolex de a diez euros (a mí me clavan quince por una mala imitación de un Tag Heuer), sombreros, artesanía, piedras de Atlas…

El regateo aquí es más a la baja que en otros lugares que hemos visitado, quizás los vendedores tienen más prisa por desprenderse de sus productos, quizás la necesidad es mayor. Una de las chicas, Louise, rebaja un bolso desde cuatrocientos Dirhams (cuarenta euros) hasta cien, y al final decide no comprarlo. El vendedor le persigue ofreciéndoselo por cincuenta.

A mí me ofrecen una pulsera supuestamente de plata por ciento cincuenta Dirhams, le enseño al vendedor el único billete de cincuenta que me queda y me lo arrebata dejándome en la mano la pulsera y dando por bueno el precio. Mientras se aleja, me grita: “plata de África”. Nunca imaginé que fuera plata africana, pero aún así me parece excesivo encontrar en la parte interior de la pulsera una etiqueta en la que se indica: “made in India”.

 

8 de SEPTIEMBRE, 21:00, Khemis Anjra.

Granja escuela.

A unos kilómetros de Tánger, en una zona rural lejos de los grandes movimientos de tráfico y personas de la gran ciudad, dormiremos en una granja que ejerce de centro psicopedagógico para los chicos de la calle, que, como los que han intentado introducirse en las entrañas de nuestros autobuses, vagan sin destino, muchos de ellos adictos a esnifar pegamento. Las hortalizas y los animales como remedio natural.

 

El viaje de Marina (2).

 

Se hizo intenso ese momento para ella. Caras de felicidad, de desconocimiento, de intriga hacia lo que ocurriría minutos después. Por su parte, entraba segura, sus pasos firmes y lentos. Escuchar los gritos de felicidad de aquel chico que descansaba sobre una silla preparada. La excitación que en un momento entró en los cuerpos de todos ellos.

Te siento cerca, sé todo lo que hemos sufrido y superado y hoy he visto que, aunque a veces no lo haya creído, tenemos suerte. Suerte por tener a tantas personas siempre a nuestro lado, ayudándote, ayudándome, juntos.

Recuerdos, que han venido a mi cabeza cuando conocí a Moha, al estrechar su mano con la mía. Él también pareció muy educado y tímido, al igual que tú cuando no te sientes confiado.

Todas las dificultades que veo en nosotros, las he visto multiplicadas hoy con los chicos. Prejuicios, cultura, tradición, religión, desinterés y miedo.

Me siento afortunada de haber podido conocer aquel proyecto. Lloré, y noté que cada lágrima me hacía más fuerte.

 

Ramón Huarte

Cronista Oficial MRS 2009