MADRID RUMBO AL SUR. DIARIO DE EXPEDICIÓN.

 

06 SEPTIEMBRE.DIA 22: Logística, querido Watson

 

¿Cómo viven 142 personas durante 25 días en unos 20 lugares distintos? ¿Cómo tienen a mano todo lo que necesitan? De un saco de repuesto al café del desayuno. De un balón de fútbol a una tirita. La respuesta se llama logística y es fundamental en una expedición como Madrid Rumbo al Sur.

Hoy los chavales han aprendido sobre el tema en el Centro Logístico de Ayuda Humanitaria de Las Palmas. Inaugurada hace un año, es una de las cuatro unidades que la Cruz Roja Internacional tiene en el mundo (además de en Canarias, en Panamá, Kuala Lumpur y Dubai). “La logística es todo el conjunto de actividades que se ocupa del traslado y almacenamiento de productos desde el punto de compra de los materiales hasta el punto de consumo”, explican en uno de los talleres de sensibilización del centro. “Su finalidad es poder proporcionar un servicio adecuado a un coste razonable”.

En el coche-cocina de Madrid Rumbo al Sur saben bastante de eso. Pablo Font, el “bombero cocinero”, realiza en Canarias una de sus últimas compras en un súper. Nada que ver con los mercados rurales marroquíes que ha recorrido este último mes. Aquí no hay balanzas sino pesas electrónicas. También carritos de la compra e hilo musical (de todo, menos moscas). Sin embargo, en los recónditos mercados del Marruecos rural comprar comida para 142 salía mucho más barato (casi un tercio) y era más pintoresco. Como dice ese anuncio de tarjetas de crédito: las caras de los tenderos cuando se les pide un centenar de panes o 40 briks de zumo no tienen precio.

Incluso en el pedregal más agreste, Pablo ha alimentado a la tropa de chavales con platos recién hechos y calientes. Cada día, tras desmontar el coche-cocina con su incansable compañero Lupi (que hace doblete como profesor de música), los fogones se convierten en el centro social del campamento. Hoy Pablo ha hecho risotto con magro de cerdo, bacon y parmesano en el aparcamiento del Centro Logísitico de Las Palmas. Dentro, los voluntarios de Cruz Roja mostraban a los chavales las ollas, platos y cubiertos que envían a lugares en situación de emergencia. Su ayuda puede llegar a unas 2.000 familias en menos de 48 horas tras un desastre y su campo de acción abarca países como Burkina-Faso, Benin, Camerún, Congo, Mauritania, Chad, Togo y todo el oeste de África. Desplegados sobre una mesa se exponían los distintos utensilios básicos para la vida cotidiana cuando uno no tiene casa: manta, lona plástica, tienda, cubiertos, jabón, compresas, maquinillas, papel higiénico, pasta de dientes, bidón de agua, mosquitera… Desde hace tiempo, todo el material de Cruz Roja está estandarizado, es decir, no se aceptan donaciones de objetos (sólo dinero). “Es más lío y más caro recogerlo, lavarlo y catalogarlo que directamente comprarlo todo nuevo y uniforme”, explica Elena Santana, una de las voluntarias. “Lo que más cuesta, en dinero y en que se subvencione, es el transporte, quizás porque no aparece en la publicidad”, añade. Es decir, no basta con reunir productos, lo difícil es llevar las toneladas de ayuda hasta donde se necesitan. Por ello, el puerto de Las Palmas es un centro estratégico: está cerca de África, tiene relaciones comerciales previas y conexiones marítimas bien establecidas, una amplia red de empresas transitarias de aduanas y ventajosas condiciones fiscales.

En el convoy de Madrid Rumbo al Sur, los encargados de transportar el material de un campamento a otro son “los Carlos” (Carlos Toro y Carlos Mancebo). La pareja conduce un camión en el que cabe de todo: la pantalla de cine y los toldos, los focos, el material de estudio, las raciones militares o los objetos perdidos. Todos los días las cosas del camión se bajan, se suben, se administran, se recolocan y se conducen sanas y salvas de destino en destino para crear lo más parecido a un hogar en medio de la nada. Son las bambalinas que sujetan el viaje. Ese trabajo duro y silencioso que se llama logística.

 

 

Patricia Reyes

Cronista Oficial MRS 2010