Crónica 06 de Septiembre:

 

Nos levantamos a las siete de la mañana ante el aviso de que quedan 15 minutos para atracar en las Palmas de Gran Canaria. Todavía somnolientos recogemos los sacos del suelo del ferry y salimos a cubierta para ver el puerto. Aunque sabemos que estamos a cientos de kilómetros de Madrid, casi nos sentimos en casa, lo que nos hace ver que ya queda poco para volver.

 

Lo primero que hacemos en tierras españolas es acudir al Centro Logístico de Cruz Roja Internacional, en el que recibimos varias conferencias, todas relacionadas con la ayuda humanitaria. El que más me ha gustado ha sido un juego de rol diseñado por los voluntarios de la Cruz Roja para que jóvenes de 12 a 14 años interpreten el papel de un inmigrante y se pongan en los zapatos de aquellos que tienen que abandonar sus hogares, sus familiares y sus pueblos en busca de un futuro mejor que no siempre termina por llegar.

 

Después de comer, aprovechamos el rato libre para untarnos en Afterbite, pues las picaduras tras dormir en el Lago Naíla todavía son evidentes. Más tarde, nos subimos a los autobuses en dirección al cuartel general para conocer a los militares con los que pasaremos el resto del día. Cada uno de nosotros forma pareja, o como ellos dicen “binomio”, con un cabo y así visitamos el cuartel  y curioseamos su material. Un teniente nos da una conferencia acerca de la ayuda humanitaria que presta el ejército español y nos enorgullecen todas las acciones solidarias que llevan a cabo.

 

Subimos una pequeña colina donde está el campamento militar donde pasaremos la noche y nos volvemos a reunir con nuestros binomios para cenar, una vez más, raciones militares.

 

Posteriormente, nos enseñan los artilugios de visión nocturna y recorremos un auténtico circuito americano en el que se entrenan nuestras Binomios. Después de recorrerlo llegamos a la única conclusión de que tienes que ser de metal para conseguir llegar entero y sin perder ningún diente por el camino. Por último, una marcha nocturna antes de dormir, lo que nos hace caer rendidos en los sacos.

 

El último pensamiento que se me cruza antes de cerrar los ojos es la suerte que tengo por vivir en España, y,  sobre todo, la suerte que tengo por haber nacido en mi familia lo que dibuja una sonrisa triste tanto por nostalgia como por gratitud.

 

Andrea Cabanas

Expedicionaria MRS 2010