Crónica 05 de
Septiembre:
Rumbo a una hora menos, vamos hacia las Islas Canarias, con un vaivén que apenas me deja escribir.
Hoy todos hemos sido víctimas de un ataque organizado de mosquitos salvajes y sanguinarios. No ha quedado persona inmune ni a salvo, por lo que el resto del día ha transcurrido entre rasquedillas y palmadas seguidas de un: ¡te maté! Olvidándonos del feroz ataque que ha dejado bajas, los supervivientes hemos ido al Lago Naíla, paisaje bonito donde los haya. Era un desierto con lago donde bañarse, era un regalo de la naturaleza.
Algunos nos hemos aventurado hasta la cima de las interminables dunas, para sentirnos tuaregs, los dueños del desierto.
Y desde ahí, una vez que el primero se atrevió a saltar no hemos parado de brincar, saltar o rebozarnos como croquetas al descender las dunas. Nuestros deditos con tiritas y esparadrapos han agradecido el contacto de la fría arena, sin preocuparse donde pisar o de que hubiese piedras y ramas que amenazaban con clavarse.
Sin saber si hemos pasado dos o cinco horas disfrutando del increíble entorno y su paz y tranquilidad, nos hemos dirigido hacia la frontera, siempre escoltado por tres o cuatro coches policiales, la verdad es que no sé si somos bien recibidos en los territorios del Sahara…
Haciendo un alto en el camino en un museo de la historia de la aviación en la antigua ciudad española de Cabo Juby, hoy Tarfaya, nos hemos embarcado en el ferry dejando atrás horas de sueño, de sofocante calor, cantimploras vacías y dulces de Ramadán.
Finalizamos hoy una parte importante del viaje que nos ha marcado. Salimos de África con 99 amigos a la espalda y muchos buenos momentos, desde las clases matinales de deporte, las horas como pinche de cocina, los conocimientos nuevos adquiridos de astronomía, de arqueología, historia africana, de cooperación o taller de cuaderno de viaje, pasando por las interminables marchas, horas en autobús o charlas de proyectos y finalizando en el cine de verano al aire libre que casi todas las noches disfrutamos (y que pocos llegan hasta el final de la película, todo hay que decirlo).
Tengo innumerables recuerdos y momentos que todos tardaremos días en contar a nuestras familias, por ello finalizo observando la negrura de la noche y del océano Atlántico y propongo un brindis: levantemos todos en alto nuestras cantimploras con agua potabilizada y brindemos para celebrar lo vivido y los seis días que nos quedan por vivir. ¡A vuestra salud chicos! ¡Tchin, tchin!
Olivia Pérez de Acha y López
Expedicionarias MRS
2010