Crónica 05 de Septiembre:

 

Abandonamos Marruecos rumbo a Canarias y, con ello, el continente africano. A nuestras espaldas veinte días cargados de intensidad ilusión y sobre todo mucho movimiento.  El cansancio en nuestros cuerpos se va notando y el simple hecho de estar escribiendo desde el ferry ya cuesta lo suyo. Pero bueno, nada que todavía no podamos aguantar.

El día de hoy despertaba de una forma peculiar. No porque fuese nuestro ultimo amanecer en tierras africanas, que también, sino porque la noche había estado marcada por unos inesperados y muy molestos huéspedes, los mosquitos. Malditos insectos alados, gran festín se han dado y sino que se lo pregunten a más de un expedicionario. Como algún compañero gritaba a primera hora de la mañana, cuando más abundaban nuestros amiguitos. “Estos es peor que Vietnam”. Como consuelo al mal trago, Pablo nos libera de la gimnasia matinal, un desayuno militar y pequeña marcha a uno de los lugares más espectaculares que hemos pisado en esta expedición. Mar y desierto, olas y dunas fusionándose para formar un único y perfecto paisaje.

 Como paso en el Atlas y Sahara la naturaleza nos volvió a sorprender. Al llegar todo parecía en perfecta calma y equilibrio. Las pequeñas olas del lago Naíla llevaban a la costa  sin aparente esfuerzo a la vez que la leve brisa colocaba con suavidad cada grano de arena en su sitio, pero en cuestión de pocos minutos la cosa era bien distinta. Las olas veían alterar su curso ante el nado de varios expedicionarios y los granos de arena iban perdiendo su sitio en la duna ante los saltos y acrobacias de los más atrevidos. Pero no todo era un caos. Muchos dedicaban el tiempo a captar con su objetivo cada imagen para el recuerdo o, simplemente, relajaban el cuerpo tumbándose en las dunas, que se amoldaban a la figura sin bacilar. Así, entre risas, fotos y algún sueñecito emprendíamos con paso firme la marcha de vuelta hacia el campamento. En poco tiempo nos encontrábamos sentados enumerándonos de nuevo en el autobús. Era el último trayecto antes de abandonar el continente y, aunque el agotamiento era evidente, las caras de pena y reflexión también lo eran. Así, escoltados por la policía hemos llegado al puerto de El Aaiún donde hemos cogido el ferry que nos llevará a Canarias.

Vuelta a España pero no fin del viaje. Todavía quedan muchas cosas por vivir y visto lo visto seguro que no nos defraudaran.

 

Nacho Aranguren.

Expedicionario MRS 2010