Crónica 05 de Septiembre:

 

Aunque parezca extraño, esta mañana no ha sido la melodiosa voz de Pablo la que nos ha sacado de nuestros sueños sino el incesante zumbido del despertar de cientos de mosquitos ávidos de sangre y entrenados para sortear sacos, camisas, pañuelos y manotazos. Lo único bueno de estos insectos es que gracias a ellos se ha suspendido el deporte matutino y hemos desayunado sin prisas y libres de sudor. Tras las raciones militares del desayuno, partimos para la marcha, un increíble paisaje mezcla de mar y desierto se abre ante nosotros. Los inmisericordes mosquitos continúan acosándonos durante el camino llegando a picar grano sobre grano. Ulises con su parapente nos graba por encima de la batalla que se desarrolla en el suelo contra los insidiosos bichos.

Llegamos hasta un apartado lugar de playa virgen y nos bañamos, saltamos por las dunas, hablamos y reímos. Es un momento maravilloso pero no se puede prologar eternamente y volvemos al campamento. 

A la vuelta los mosquitos parecen adivinar que nos queda poco en aquel lugar y se emplean bien a fondo para que no olvidemos la despedida. Montamos en el autobús rascándonos como locos y contando los innumerables picotazos que cubren nuestro cuerpo. Paramos en el museo de la aviación que honra al célebre autor de “El Principito”, Antoine Saint Exupery.

Nuestra siguiente y última parada es en el puerto donde embarcaremos para Canarias, pero antes vemos desde el autobús pasar la ciudad de El Aiún y nos cuentan su historia.

Subimos al barco y antes de zarpar celebramos misa voluntaria del domingo y cenamos. Vemos alejarse África por el horizonte y aunque esto nos entristece, nos alegramos de saber que hemos conocido “el continente olvidado”. Es una despedida pero ahora sabremos que África está ahí y que este adiós no será por mucho tiempo pues a todos nos ha hechizado su encanto.

 

Juan Ortiz Luengo

Expedicionario MRS 2010