Crónica 03 de Septiembre:

 

“¡Buenos días! ¡Ropa de deporte!”. Las seis de la mañana y como siempre los gritos de Pablo perturban mis sueños. Como cada día, abro vagamente los ojos, pero hoy es diferente. Frente a mí se extiende el maravilloso e inmenso mar de Sidi Ifn. Los cien expedicionarios con nuestras camisetas verdes gastadas con nuestros pantalones de deporte y nuestras deportivas ya sucias y rasgadas, empezamos a correr a lo largo de la playa. Pasado un rato, el sueño, el cansancio y el calor hacen que pierda las fuerzas hasta que al fondo, a través de la niebla, distingo  la silueta de lo que creo que es un barco y quizás un faro. Esto despierta mi curiosidad y mis ganas de descubrir, así que cojo aire para terminar de correr con todas mis fuerzas. Dicen que lo bueno se hace esperar, por eso hoy después del deporte… ¡Ducha!

 

Tras 25 días de expedición, un simple chorro de agua sin jabón es suficiente para sentirnos como nuevos y recargar pilas. Después de un buen desayuno con tostadas y leche, nos disponemos a conocer esta preciosa ciudad, Sidi Ifni. Joaquin Asenjo, profesor de historia en Málaga, es nuestro guía y quién nos hará viajar y sentir contándonos la historia de Sidi Ifni y sus aventuras vividas en esta antigua ciudad española, mientras nos perdemos entre sus calles.

 

Anonadados, los expedicionarios nos quedamos mirando una pequeña tienda de comida y cuando digo esto me refiero a comida diferente a las rutinarias raciones militares, que cuando tenemos hambre nos las comemos vorazmente pero de las que ahora nos apetece escapar. Así que mis niñas del grupo cinco y yo nos compramos un gran bote de Nocilla… No podéis imaginar la sonrisa dibujada en nuestros rostros al sentirnos dueñas de aquel bote de chocolate.

 

Cuando terminamos nuestra visita, vamos a la playa. Allí, como si nos conociéramos de toda la vida, como hermanos, reímos, nos hacemos cientos de fotos, juegos, pirámides humanas… Mmm… ¡Ternera con guarnición! Sí, en definitiva ha sido una gran mañana y mi estómago pide a gritos una gran recompensa.

 

Tras la comida, las doce mosqueteras nos comemos nuestra Nocilla y mientras tanto, reímos y reímos. Llegan los talleres: astronomía, arqueología, cuaderno de viaje y cooperación. Durante la primera hora, Pedro nos interna en un mundo nuevo, abstracto, lleno de estrellas y planetas. Carmen se encarga, durante la siguiente hora, de hacernos viajar al pasado elaborando rústicamente herramientas de la época prehistorica. Marta Mendoza la profesora de cuaderno de viaje nos enseña a pintar con acuarelas y tintas y por último, cooperación: ahora, no viajamos en el tiempo al Paleolítico, ni nos volvemos locos pensando que habrá más allá de las estrellas que vemos, en este taller ponemos los dos pies en la Tierra para reflexionar sobre nuestro presente  y sobre todo acerca del presente de África.

 

Y ahora, estoy aquí, escribiendo esta crónica sentada en la  playa. Y mientras, los granos de arena revolotean entre los dedos de mis pies. Me doy cuenta de lo afortunadísima que soy de estar aquí, y no me refiero solo a la experiencia, ahora estoy hablando de la gente. Las personas tan especiales que aquí he conocido y sobre todo a mi monitora Marta Landín y a mis niñas del grupo cinco, que me hacen feliz desde que me levanto hasta que me acuesto. Pero a pesar de estar super feliz, no me olvido de mi gente así que mando un besazo a mi familia y amigos.

 

Teresa Castro

Expedicionaria MRS 2010