Crónica 02 de septiembre:

 

Por fin debajo del aire acondicionado del autobús y con agua casi potable en la cantimplora. Se ve el paisaje del desierto árido, con pocos arbustos y muchas piedras en la base de unas montañas que muestran su interior con anticlinales, sinclinales, terracotas y rojizos. Anoche no se podía ver nada de todo esto, pero esta mañana al despertarme he podido verlo todo de una vez, en frente de nosotros una gran pared casi vertical, vetada y de distintos sedimentos. Todavía se veía la luna mientras hacíamos el deporte matutino seguido de una ducha de toallitas, aunque por muchas que use siempre sigue pareciendo poco. Así estamos por lo menos, mentalmente limpios para desayunar.

 

Ya con energías hemos preparado nuestra mochila veinticuatro horas con la que llevamos casi tres días, cambiando un par de cosas. Hemos atendido a una conferencia de arte rupestre. Allí, en Immaouine, las pinturas del neolítico de hace seis mil años están muy poco estudiadas y protegidas. Podíamos ver a simple vista muchos animales como elefantes o antílopes. Eran muy avanzados como simbolismo, bastante completos y hechos a repiqueteado. Un grabado muy bien conservado al que algunos nos hemos querido acercar más aún escalando la pared. Ese poquito desde arriba es muy diferente. Veíamos al resto de compañeros muy pequeñitos y una panorámica del camino por el que habíamos llegado y por el que poco después partiríamos.

 

Ha sido una marcha de 7 km en poco más de una hora. No recordaba nada del camino, ayer solo veía las pocas piedras que el frontal apuntaba y algunos pies delante de los míos. Pero ahora tenía zonas de arena que levantaban nubes de polvo, piedras que más de una vez me han hecho creer que tropezaba y un vasto campo a derecha e izquierda. El agua de todos estaba caliente, cuando la bebo con gusto aquí recuerdo los días en Madrid en los que mi madre insistía para que me tomase un vaso de agua fresquita. Veía como los pick-ups llevaban hasta el bus a los cansados. Pero al final, el resto llegamos al destino para pasar otra jornada de autobús hacia Sidi Ifni. Con la guitarra, las canciones y la confianza, el viaje se hace más ameno y  divertido el viaje. Pero aún así me he dormido para llegar a un sitio de ensueño.

 

Era una zona con el suelo arcilloso y de arena, y repleto de palmeras por todos lados. Nos hemos puesto bajo una de ellas aprovechando la sombra para comer un bocadillo. El suelo estaba cubierto por palmas por encima de la arena, parecía un oasis de película que hemos abandonado para continuar nuestro viaje. Entre dibujos y canciones se veían por la ventana gasolineras, desierto, rebaños con sus pastores, ciudades con sus gentes… Pero al ponerse el sol, tras observar un color rosa precioso en la línea del horizonte, hemos cerrado las cortinas y encendido las luces azules del bus. Ha sido lo más parecido a  una discoteca que hemos tenido en mucho tiempo. Las risas, el baile y todos cantando a pesar del cansancio, nos han hecho trasportarnos a España durante un corto tiempo hasta llegar por fin a primera línea de playa.

 

 Nos han dado una bienvenida al Hotel Suerte Loca de Sidi Ifni  con té y pastas, seguidamente hemos subido a una terraza donde vamos a dormir. Desde mi sitio donde estoy escribiendo puedo ver a la derecha el mar, una gran playa con el sonido de las olas chocando y a mi izquierda las casas, los niños con sus bicicletas saludando con el sonido de los yembés que algunos de los expedicionarios tocan hasta la hora de la cena que todos esperamos. Buenas noches Madrid, sólo espero que estéis todos tan bien como Madrid Rumbo al Sur en Marruecos.

 

Esther Cano

Expedicionaria MRS 2010