Crónica 02 de septiembre:

 

Como cada día el campamento se levanta temprano para continuar con el viaje. Sin embargo, el de hoy no ha sido un despertar cualquiera. Hemos tenido el privilegio de amanecer a los pies de una enorme pared rocosa que alberga desde hace más de 6000 años, las huellas dejadas por las poblaciones neolíticas que ocuparon esa zona. Probablemente sin ser conscientes de ello, estos grupos han dejado tras de sí una memoria a la que hoy en día los arqueólogos tratamos de acercarnos.

Se trata de los grabados rupestres de Imaouine, un amplio conjunto de representaciones zoomorfas grabados por repiqueteo en la roca entre el IV y el III milenio antes de nuestra era.

A pesar de que este conjunto, así como muchos otros en una amplia área circundante, no han tenido la suerte de ser estudiados por un equipo científico, ni de contar con una protección adecuada, sabemos por las pocas publicaciones que hacen referencia a ellas que se trata de un elemento importante para aproximarnos al proceso de neolitización de esta zona.

Las representaciones que hemos tenido la suerte de poder admirar hoy nos han hablado de un Sahara verde, tierra de antílopes, jirafas o elefantes, con una fauna y una flora mucho más similar a la presente en el Mediterráneo antes de la llegada del Holoceno. El inminente proceso de desertización que se inició a finales del Pleistoceno y que hace que el lugar donde hoy nos despertamos sea tan árido. Sólo con la ayuda de esos grabados podemos imaginarnos unas condiciones ambientales muy diferentes a las que hoy en día conocemos.

 

Si nos preguntamos acerca de los motivos que impulsaron a esas poblaciones a representar sistemáticamente la fauna que veían a su alrededor nos daremos cuenta de que poseemos una pequeña ventana que nos deja entrever el mundo simbólico de estos grupos.

 

Transcurrirá el día con la fascinante sensación de tener a estos grupos humanos tan cerca y, a la vez, tan lejos.

 

Carmen Manzano

Monitora y Profesora de Arqueología MRS 2010