Crónica 01 de
Septiembre:
Polvo somos y en polvo nos convertiremos. Hoy he amanecido en la cresta de una duna. Anoche contemplamos el firmamento, es la imagen más cristalina que he tenido del cielo en toda mi vida. Me hablan de constelaciones: del triángulo de verano compuesto por Vega, Altair y Deneb; de la vía láctea y de otras galaxias como Andrómeda; y en media de tan atractiva lección de Astronomía veo un bólido que cruza el espacio, “¡Qué bonita es estrella fugaz!”, dice mi amiga Juana. Pero se equivoca, se trata de un meteoro más brillante y duradero. Se cree que es una Sagitárida por provenir de la constelación de Sagitario. Ha captado nuestra atención, pero en especial la mía pues nací el 9 de Diciembre.
Abro los ojos y tan solo diviso arena y una esfera amarillenta y rechoncha que ilumina con reflejo azul celeste muy distinto al de anoche; es el sol. Sudor desde las seis de la mañana, pero vaya si merece la pena. ¿Alguna vez te has tirado rodando como si fueras una croqueta? Pues imagínate hacerlo desde una duna gigante como las que aparecen en las películas o sin ir más lejos en la pantalla de cualquier ordenador.
Me siento muy bien. Todo me llena, no pienso en nada más que el momento en que vivo. He perdido la noción del tiempo, me envuelve la fragancia de la tranquilidad que me hace mirar hacia delante, luchar en ser constante con lo que me propongo. Constante como los saharauis que caminan con estos kilos y kilos de arena. Ellos nos han invitado a su casa, de la que hemos podido disfrutar a lomos de un dromedario. Risas, fotos y algún que otro empanado ojiplático ante una estampa tan hostil como humana. En definitiva, momentos inolvidables.
Pienso que sentirán aquellos a quienes yo quiero y echo de menos al otro lado del estrecho, estoy deseando contarles cada uno de mis días, sin duda este es uno de mis preferidos. Nos agrupamos para abandonar esta arena del Sahara, las dunas de Erg Chegaga. Nos despedimos de ella desde unos todoterrenos pilotados por gente de aquí, gente que sabe como es el caminar, Mohammed es el conductor de mi grupo, ¡qué salao que es! Botamos de duna en duna a ritmo de rap, Fito y Fitipaldis y una canción que todos cantamos en este viaje “Salir, beber” de Extremoduro. Una amplia banda sonora que imprime más unidad entre amigos e incluso con algún monitor. “¡Qué no daría yo!” dice la letra de una de las canciones que escucho aquí sentada, en un bus con aire acondicionado que me hace olvidar los 45º C de calor que marca el termómetro.
Es cierto que los kilómetros de tierra que recorremos son áridos. Yo no veo aridez, florecen fuertes lazos de amistad y no se si la confianza da asco o no. Si es verdad, somos los más asquerosos del mundo. Miro al horizonte y me despreocupo del mañana, “ahora siempre todavía y toda la vida es ahora”.Ojalá los que leáis mis palabras estuvierais aquí. Os envío mi peculiar saquito de besos y un poco de arena del desierto.
Helena Hernández
Expedicionaria MRS
2010